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Reflexiones sobre la soberanía

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Alfonso Díaz Rey

Soberanía es, en esencia, el derecho de los pueblos a darse la forma de organización jurídica, política, económica y social que responda de mejor manera a sus intereses, a establecer la clase de gobierno que consideren adecuado y a crear y reproducir las condiciones que en la práctica le den vigencia y evitar que sea algo formal o declarativo; es decir, el derecho a su autodeterminación.

Nuestra Constitución Política la reconoce como un derecho fundamental, como un derecho del pueblo en su conjunto, y como tal se establece en el artículo 39: La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder publico dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Del ejercicio de ese derecho o facultad del pueblo depende la posibilidad de ejercer los demás; en otras palabras, sin el ejercicio de la soberanía nacional y popular, fácilmente pueden restringirse o cancelarse otros derechos y libertades.

La soberanía está indisolublemente ligada a la independencia política, económica y cultural, la democracia, la paz y las relaciones de amistad entre los pueblos. En este contexto podemos decir que la soberanía nacional es el derecho que tiene un país a que ninguna entidad extranjera se inmiscuya en su vida, así como el derecho y la facultad de un pueblo a darse el tipo de organización social y el gobierno que libremente elija. Lo anterior se convierte en ficción cuando se carece de independencia económica.

Un pueblo endeudado, sujeto a condiciones impuestas por sus acreedores, que merman sus recursos, que no puede utilizarlos como mejor le convenga y que es obligado a seguir una estrategia de desarrollo contraria a sus intereses, no es soberano; lo mismo sucede con un pueblo que no sabe leer ni escribir o el que entre una elección supuestamente democrática y la siguiente no participa en la toma de las decisiones más importantes y, lo que es peor, no puede modificarlas no obstante sean contrarias a sus intereses; asimismo, un pueblo desorganizado, disperso, con libertades restringidas o canceladas y que no puede ejercer el poder político, tampoco es soberano.

Un pueblo no puede llamarse soberano cuando tiene un gobierno en manos de sectores minoritarios o incluso de origen popular, pero al servicio de los primeros, que demagógicamente manejan ciertos valores nacionales y que en la práctica no pueden defenderlos dada su subordinación a intereses particulares, a menudo extranjeros, que prevalecen por sobre los de la nación y son impuestos por medios antidemocráticos y autoritarios.

Hay tres aspectos esenciales en que se sustenta el principio de la soberanía nacional:

  1. El derecho a la autodeterminación, que como se comenta líneas arriba, es el derecho de los pueblos a darse la forma de vida que prefieran.
  2. La relación entre soberanía nacional y soberanía popular, que la establece el artículo 39 de la Constitución (La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo.), donde en forma implícita se destaca que la soberanía popular es la fuente de la nacional.
  3. El derecho a la revolución, pues un pueblo no podría darse el gobierno ni forma de organización que más le convenga si no tuviera este derecho.

Estas breves consideraciones, en número y espacio, muestran qué tan complejo es el ejercicio de la soberanía, la cual no es un concepto abstracto, mucho menos anacrónico como quieren hacernos creer; no existe al margen o por encima del pueblo, ya que este es su titular y el único que puede ejercerla y es en la práctica cotidiana donde debe demostrarse la capacidad para hacerla valer, no sólo creer en su vigencia porque una ley lo asegura.

Hoy, un marco fundamental en el que se dirime nuestra capacidad como pueblo de ejercer esa facultad y ese derecho es la lucha por la defensa del territorio, los recursos naturales y el medioambiente, que tiene como punto central mantener el territorio y los recursos naturales como propiedad de la nación y la defensa de la Tierra como defensa de la vida en su más amplia acepción, sin subordinación alguna a intereses particulares, locales o extranjeros.

Actualmente, nuestro pueblo lucha de diversas maneras para preservar y defender su soberanía. No es la primera vez que lo hace y hasta ahora, con mayor o menor dificultad, ha salido victorioso.

Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular en Salamanca, Guanajuato. Las ideas tomadas para este artículo son de: Alonso Aguilar Monteverde. Defensa de nuestra soberanía nacional y popular. Ed. Nuestro Tiempo. México 1989

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